Para las mujeres con discapacidad, especialmente en los países de renta baja, la crisis climática no es sólo una cuestión medioambiental, sino de justicia, supervivencia y derechos humanos. Muchas viven en la pobreza y se enfrentan a una doble discriminación, tanto por su género como por su discapacidad. A menudo tienen menos acceso a la atención sanitaria, los recursos financieros y la información. Cuando se producen catástrofes, como inundaciones o tormentas, la falta de infraestructuras y transportes accesibles puede imposibilitar la evacuación o la búsqueda de refugio. La salud mental también se ve afectada: la ansiedad ante el futuro, la pérdida del hogar y los traumas repetidos provocan estrés y aislamiento, y la atención rara vez está disponible o personalizada.
Ejemplos de influencia y cambio
A pesar de estos retos, hay ejemplos inspiradores de cómo las mujeres con discapacidad han dado un paso al frente y han marcado la diferencia.
Papúa Nueva Guinea: planes de catástrofe a medida
Ipul Powaseu, ella misma una mujer con discapacidad, lleva mucho tiempo luchando para que se tenga en cuenta la perspectiva de los derechos de las personas con discapacidad en la política climática. Gracias a su labor de defensa y a la de otras mujeres, el gobierno ha elaborado directrices nacionales para incluir a las personas con discapacidad en la preparación ante catástrofes y la adaptación al clima. Las autoridades colaboran ahora con organizaciones de defensa de los derechos de las personas con discapacidad para elaborar información accesible y planes de evacuación adaptados, algo de lo que antes carecían. Por ejemplo, los planes de evacuación incluyen ahora acceso al transporte e información en lenguaje de signos, y el personal de rescate recibe formación para atender las distintas necesidades.
Burundi: Adaptación al cambio climático y apoyo a la agricultura
En Burundi, las mujeres y niñas con discapacidad han participado en diálogos nacionales sobre política climática a través del proyecto ”Her Resilience Enabled”. Han influido en el diseño de medidas climáticas a nivel local y nacional. Ahora, el gobierno colabora con organizaciones de discapacitados para elaborar nuevas leyes climáticas y planes de contingencia. Las mujeres con discapacidad son invitadas a participar en las consultas para la toma de decisiones sobre ayudas agrícolas y educación. Esto significa que la formación sobre agricultura resistente al clima es ahora accesible para todos, incluidos los que tienen problemas visuales y auditivos. A medida que el cambio climático destruye cosechas, es crucial que las mujeres con discapacidad también tengan acceso a ayudas agrícolas y formación en nuevos métodos de cultivo, pues de lo contrario corren el riesgo de caer aún más en la pobreza.
”Cuando recibimos información en nuestro idioma y podemos participar en la planificación, nos sentimos seguros incluso cuando llegan las tormentas”, dice un participante en el proyecto de Burundi.
El camino a seguir
Para lograr una verdadera justicia climática, las mujeres con discapacidad deben tener un sitio en la mesa de toma de decisiones. La acción climática debe diseñarse para que sea accesible a todos, desde la información y la educación hasta las infraestructuras y el apoyo. Se trata de escuchar sus voces, incluir sus experiencias y soluciones, y construir una sociedad en la que nadie se quede atrás.



